El cáncer infantil es
cualquiera de varias formas de cáncer que afecta a los pacientes en edad
Pediátrica afectando a distintas partes del cuerpo, y con tratamientos y tasas
de curación diferentes. En países desarrollados como los Estados Unidos y
España, cerca de 14 de cada 100 mil niños tiene una forma de cáncer.
Actualmente la tasa de supervivencia de niños afectados de cáncer en España es
del 70%, según los datos del Registro Nacional de Tumores Infantiles. Esta
cifra supone un incremento del 15% en la tasa de en relación a la de los años
ochenta. En países en vías de desarrollo, como Venezuela, la incidencia de
cáncer infantil es más alta, representando una de las causas más frecuentes de
muerte infantil.
domingo, 2 de marzo de 2014
Señales del Cáncer infantil
Los
dolores no justificados, por ejemplo, son una señal de alarma común, así como
la combinación de fiebre, cansancio constante y pérdida de peso. La inflamación
de los ganglios linfáticos, la anemia y los moretones frecuentes, que aparecen
sin que haya habido un traumatismo previo, así como los dolores de cabeza
acompañados de alteraciones en el sueño o vómito, o la presencia de hinchazón
en el abdomen, son otros de los síntomas que nos pueden poner en alerta a la
hora de detectar un posible caso de cáncer. En últimas investigaciones
realizadas por la facultad de medicina de la universidad de Amsterdam, se ha
determinado que los bebes nacidos a los 7 meses de gestación tienen un 95% de
probabilidad de sufrir leucemia linfoide aguda (LLA).
Tipos de Cáncer Infantil
Los
linfomas constituyen nódulos que se pueden desarrollar en cualquier órgano. La
mayoría de los casos empiezan con una infiltración en un ganglio linfático
(nodal), pero subtipos específicos pueden estar restringidos a la piel,
cerebro, bazo, corazón, riñón u otros órganos (extranodal). El diagnóstico del
linfoma requiere una biopsia del tejido afectado. El tratamiento del linfoma de
bajo grado puede ser defensivo, pero el linfoma no-Hodgkin de alto grado se
trata normalmente con quimioterapia y a menudo con radioterapia
Un
nefroblastoma o tumor de Wilms es una neoplasia maligna del riñón y el segundo
tipo más frecuente de cáncer abdominal en niños, después del neuroblastoma de
glándula suprarrenal. Se presenta típicamente en la infancia (1 de cada 200.000
a 250.000 niños) y es muy infrecuente en mayores de 8 años así como en recién
nacidos. Toma el nombre de Max Wilms (1867-1918), cirujano alemán que lo
identificó por primera vez.
El
sarcoma de Ewing es un tumor maligno de células redondas. Es una enfermedad la cual las células neoplásicas se ubican en el hueso o en tejidos
blandos. Las áreas afectadas con más frecuencia son la pelvis, el fémur, el
humero, y las costillas.
Debido
a que un locus genético en común es responsable de un alto porcentaje de
sarcomas de Ewing y tumores neuroectodérmicos primitivos, los dos son algunas
veces agrupados en la categoría conocida como familia de tumores de Ewing Las
enfermedades, sin embargo, tienen diferente origen: los tumores
neuroectodermicos primitivos generalmente no están asociados con los tejidos
óseos, mientras los sarcomas de Ewing afectan el hueso con mucha más
frecuencia.
El
cáncer tiroideo (también conocido como cáncer de tiroides) agrupa a un pequeño
número de tumores malignos de la glándula tiroides, que es la malignidad más
común del sistema endocrino. Por lo general, los tumores malignos de la
tiroides tienen su origen en el epitelio folicular de la glándula y son
clasificados de acuerdo a sus características histológicas.
La
leucemia es un grupo de enfermedades malignas de la médula ósea (cáncer
hematológico) que provoca un aumento incontrolado de leucocitos en la misma.
Sin embargo, en algunos tipos de leucemias también pueden afectarse cualquiera
de los precursores de las diferentes líneas celulares de la médula ósea, como
los precursores mieloides, monocíticos, eritroides o megacariocíticos
-
Según la población celular afectada, la leucemia se clasifica en:
Leucemia
mieloide crónica (LMC) incluida dentro de los síndromes mieloproliferativos
crónicos.
Leucemia
linfoide crónica (LLC) incluida dentro de los síndromes linfoproliferativos y
equiparable al linfoma linfocítico.
Leucemia
linfoide aguda o Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA)
Leucemia
mieloide aguda o Leucemia Mieloblástica (LMA)
Leucemia
mielógena (LM)
Síntomas
de la leucemia:
Se
producen daños en la médula ósea, a modo de desplazamientos de las células
normales de la médula ósea con un mayor número de glóbulos blancos inmaduros.
Todo esto se traduce en una falta de plaquetas en la sangre, fundamentales en
el proceso de coagulación sanguínea, por lo que las personas con leucemia
pueden desarrollar fácilmente hematomas y un sangrado excesivo o hemorragias
punteadas (petequias)
Los
glóbulos blancos, implicados en la defensa del organismo, pueden ser
deficientes o disfuncionales. Esto puede causar que el sistema inmune del
paciente sea incapaz de luchar contra una infección simple. Debido a que la
leucemia impide que el sistema inmunitario funcione con normalidad, algunos
pacientes experimentan infecciones frecuentes, que van desde las amígdalas
infectadas, llagas en la boca, diarrea, neumonía o infecciones oportunistas.
Por
último, la deficiencia de glóbulos rojos produce anemia, que puede causar
disnea y palidez.
De
manera resumida, algunas de sus manifestaciones clínicas más importantes son:
Decaimiento,
falta de fuerzas, mareos, náuseas, vómitos, inapetencia, disminución de peso
importante.
Fiebre
que dura varios días sin una causa aparente, sudoración nocturna, escalofríos.
Dolor
o sensibilidad ósea, dolores articulares y de extremidades.
Hemorragias
frecuentes sin motivo aparente, por ejemplo, sangrado anormal de las encías o
de la nariz.
Petequias
o hematomas sin haber tenido algún golpe.
Palidez
de piel, interior de la cavidad oral o de los párpados.
Aumento
de tamaño de los ganglios linfáticos.
Aparición
de masas o crecimientos anormales de órganos abdominales como el bazo y el
hígado, o aparición de masas que crecen en otras partes del cuerpo.
Alteraciones
de los exámenes sanguíneos (hemograma, VIH, etc.).
Irregularidad
en los ciclos menstruales.
Dolor
en articulaciones.
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